
Pintar un piso alto: lo que cambia en un séptimo
Artículo del 28 de agosto de 2026
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En un pueblo de casas bajas nadie se plantea esto. Pero en Zizur Mayor, donde buena parte de la gente vive en bloques y algunas torres pasan de diez plantas, pintar un piso alto tiene una parte que no tiene nada que ver con la pintura: cómo llega todo hasta arriba. No es complicado, pero conviene saberlo de antemano para que no te pille por sorpresa ni a ti ni a los vecinos.
El ascensor, el primer obstáculo
La mayoría de ascensores de los edificios de los setenta y ochenta son pequeños. Caben personas y bolsas de la compra, pero no una escalera de tijera de dos metros, ni unos tableros largos, ni varias cajas de pintura a la vez. Eso obliga a hacer más viajes o a subir parte del material por la escalera.
Por eso, cuando vamos a ver un piso alto, una de las primeras cosas que miramos no está dentro de la casa: es el tamaño del ascensor y el ancho de la escalera. Con eso sabemos qué medios podemos subir y cuántos viajes van a hacer falta, y lo tenemos en cuenta en el presupuesto.

Proteger el ascensor y el portal
Subir y bajar material durante varios días por un ascensor comunitario tiene un riesgo evidente: rozar o manchar las paredes de la cabina, el suelo del portal o las puertas. Es algo que a la comunidad, con razón, no le hace ninguna gracia.
Lo correcto es proteger el interior del ascensor con cartón o mantas mientras dura el trabajo, y subir el material en los momentos de menos uso. Si el edificio tiene normas sobre el uso del ascensor para obras, conviene conocerlas antes. En algunos hay que avisar al administrador o al presidente.
Dónde se para la furgoneta
Parece un detalle, pero en calles con poco aparcamiento o sin zona de carga cerca del portal es un problema real. Descargar material a cien metros del portal y cargarlo a mano hasta el ascensor son horas que alguien paga.
Por eso preguntamos si hay algún sitio donde parar un rato para cargar y descargar. Si no lo hay, lo organizamos para hacer la descarga de golpe al principio y no tener que ir y venir cada día. Si el edificio tiene garaje comunitario, a veces es la mejor opción.
Las ventanas que no se alcanzan
En un bajo, pintar la cara de fuera de una ventana o el marco exterior es sencillo. En un séptimo, no se hace desde dentro asomándose. Es peligroso y, además, la cara exterior de las ventanas suele formar parte de la fachada, así que su color no lo decides solo.
Cuando el encargo es de interior, pintamos la carpintería por dentro y dejamos la cara exterior como está. Si hace falta intervenir por fuera, es un trabajo en altura con sus propios medios y, normalmente, cosa de la comunidad.
Balcones y terrazas en altura
En los pisos altos, la terraza está más expuesta al viento, al sol y a la lluvia que en las plantas bajas. La pintura de las paredes de la terraza y la barandilla envejece más rápido, sobre todo en las caras que dan al sur y al oeste.
Para esas superficies conviene usar productos de exterior, no la misma pintura del salón. Y hay que tener en cuenta el viento al trabajar: un día de mucho aire en una terraza de un séptimo no es día para pintar, porque el polvo y la suciedad se pegan a la pintura fresca.
Los vecinos, que también suben y bajan
En un bloque alto hay más vecinos compartiendo ascensor y escalera. Un aviso en el portal con los días de trabajo ayuda a que nadie se lleve una sorpresa al encontrarse el ascensor lleno de cartones o la escalera ocupada. No es obligatorio, pero evita tensiones.
Y si el trabajo genera ruido, como el lijado en un alisado de gotelé, conviene respetar los horarios razonables. Nadie quiere oír una lijadora a las ocho de la mañana del sábado.
El tiempo que se añade
Todo lo anterior se traduce en algo concreto: un piso alto sin buen acceso lleva algo más de tiempo que uno igual en un bajo. No porque se pinte más despacio, sino por la logística de subir, bajar, proteger y recoger.
No es una diferencia enorme, pero existe, y lo honesto es contarla en el presupuesto desde el principio en lugar de descubrirla el primer día. Por eso, cuando nos escribas, dinos en qué planta vives y si hay ascensor. Con eso ya sabemos qué preguntar cuando vayamos a verlo.
En resumen
Vivir en un piso alto no complica el trabajo de pintura en sí, pero sí todo lo que lo rodea. El ascensor, el portal, el aparcamiento y los vecinos forman parte del encargo, y bien organizados no dan ningún problema. Lo que no conviene es ignorarlos, porque son justo lo que convierte un trabajo de tres días en uno de cinco.
¿Te ha pasado algo parecido en casa?
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